¿Habla Dios?

Cada domingo millones de cristianos en todo el mundo escuchan la lectura de unos textos. Al final, el lector o lectora dice: “Palabra de Dios”. Acaban de oír textos sagrados que se remontan a dos o tres mil años. Dios, allá lejos en el tiempo, ha hablado.
Cuando la Biblia se estudia más de cerca, se aprende que Dios ha hablado en ocasiones concretas, a quienes ha querido y diciendo lo que ha querido. Es muy dueño de revelar, cuando, cuanto y como quiere. Además esto sólo sucedía en Israel. Los demás vivían en un estado de “religión natural” producto de su razón, búsqueda a tientas del Dios que había hablado en otro tiempo y en otro lugar, con la esperanza de que un día su revelación les llegara también a ellos.
Dicho así, de manera esquemática, pero cierta, a nosotros se nos antoja chocante e inaceptable.
Inaceptable por Dios mismo. Resulta incomprensible que cree a los hombres pero hable sólo a unos pocos. ¿Por qué a unos si y a otros no? ¿por qué no decirlo todo de una vez o cuanto antes? ¿cómo pudo decir que había que pasar a cuchillo a ciudades enteras, o que iba a mandar la peste sobre el pueblo porque el rey había pecado o que castiga la culpa de los padres en los hijos hasta la cuarta generación?
Resulta doloroso e irritante escuchar estas cosas. El único camino que nos queda es revisar nuestras ideas sobre la revelación y preguntarnos qué queremos decir cuando proclamamos que un texto determinado es “palabra de Dios”

Dios no está en el cielo, ni en el infierno, sino en cada uno de nosotros